16 de septiembre de 2008

Contenido y forma

Revisando archivos viejos, di con este relato, que más de una vez me sirvió para ilustrar la diferencia -y la relación- entre contenido y forma. Los invito a leerlo:


Un rey soñó que había perdido todos los dientes. Después de despertar, mandó llamar a un sabio para que interpretase su sueño.

- "¡Qué desgracia, mi señor!"- exclamó el sabio. "Cada diente caído representa la pérdida de un pariente de vuestra majestad".
- "¡Qué insolencia!"- gritó el rey, enfurecido. "¿Cómo te atreves a decirme semejante cosa? ¡Fuera de aquí!". Llamó a su guardia y ordenó que le dieran cien latigazos.

Más tarde, ordenó que le trajesen a otro sabio y le contó lo que había soñado. Éste, después de escuchar al rey con atención, le dijo:

- "¡Excelso señor! Gran felicidad os ha sido reservada. El sueño significa que sobrevivirás a todos vuestros parientes".

Se iluminó el semblante del rey con una gran sonrisa y ordenó que le dieran cien monedas de oro.

Cuando éste salía del palacio, uno de los cortesanos le dijo admirado: -"¡No es posible! La interpretación que habéis hecho de los sueños es la misma que el primer sabio. No entiendo por qué al primero le pagó con cien latigazos y a ti con cien monedas de oro".
- "Recuerda bien, amigo mío"- respondió el segundo sabio - "que todo depende de la forma en el decir... Uno de los grandes desafíos de la humanidad es aprender a comunicarse".


De la comunicación depende, muchas veces, la felicidad o la desgracia, la paz o la guerra. Que la verdad debe ser dicha en cualquier situación, de esto no cabe duda, mas la forma en que debe ser comunicada es lo que provoca en algunos casos, grandes problemas.

La verdad puede compararse con una piedra preciosa. Si la lanzamos contra el rostro de alguien, puede herir, pero si la envolvemos en un delicado embalaje y la ofrecemos con ternura,ciertamente será aceptada con agrado.

2 comentarios:

Ariel dijo...

Ahhhh bueno... Cuanta razón tienen tus palabras, Marcelo! Te cuento una anécdota personal (a modo de autocrítica): una vez entro al local de un proveedor y conocido (con el que tenia cierta confianza), le doy la mano y le digo: "Te felicito por darle trabajo a Drácula". Sorprendido me pregunta: "¿Cómo?". A lo que muy seguro le respondo: "Claro, por el logo que tenés en la vidriera de tu negocio: es de terror!".
Muchas veces he recordado esta terrible locura personal y creo que es un ejemplo de lo que no hay que hacer para aumentar nuestra cartera de clientes. Un abrazo.
PD: lo realmente increíble es que terminamos rediseñándole la marca...

- palabracción - dijo...

Ja, ja, ja!!! Duro pero real... Es más, de la vida real...

Creo que todos hemos tenido en mayor o menor modo este tipo de "exabruptos", y el hecho de identificarlos y cambiar este hábito nos hace más sensibles en nuestra llegada a los clientes.

Salu2!